Sin negar la presencia de factores situacionales, Yo no fui, fue Teté afirma que “lo que se requiere para extinguir el abuso sexual perpetrado por religiosos de la iglesia católica son transformaciones internas. No pueden seguir el hipócrita rechazo a la homosexualidad ni la grotesca discriminación contra las mujeres (misoginia), por ejemplo. La homosexualidad es un referente de nacimiento, se trata de una minoría en la especie y en esta minoría se dan personas bellísimas y otras menos bellas. Si cada vez más son vistos sin desconfianza ni odio o temor, serán cada vez más los bellos y más reducido el sector de los menos bellos. Como en cualquier colectivo. La misoginia solo puede esgrimirse desde atavismos patriarcales enteramente incompatibles con la noción de prójimo, uno de los núcleos de la Buena Nueva de Jesús de Nazaret. Es un escándalo que la institución católica se “adorne” con la misoginia. Genéricamente la mujer es un prójimo. Tal como lo es un varón. Sus diferencias con los varones no las tornan inferiores sino distintas. También cada mujer y cada varón son distintos de otras mujeres y otros varones. Cierta especificidad singular es propia de la especie. Y, por favor, no se repita la estupidez de que se ama y respeta al homosexual que no practica y el pésimo chiste de que la mujer es institucional y ministerialmente inepta porque carece de testículos y Jesús los tenía (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: Declaración sobre la cuestión de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial, sección 5, A la luz del misterio de Cristo)”.

Yo no fui, fue Teté

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